martes, 22 de enero de 2013

El prostíbulo de los partidos.


En el fondo un romanticismo tardío les alianza el alma con su casa-madre. Lo que aprendieron de la “matria” no se lo arrebata la “patria” y, sobre todo, sus dientes antes que sus parientes. Les salva el cinismo como único resorte de una inteligencia opaca; ni siquiera les alcanza la reputación del secreto, y en estos momentos el beneficio de la duda está invertido en favor de la acusación. Responder siempre lo mismo ante cualquier pregunta, sea la que sea, ya no es un ejercicio de retórica parda, ni tampoco un insulto, es una violenta agresión a la dignidad colectiva, una guerra que trata de aniquilar lo que queda de sociedad superviviente y, esa cantinela no debe servirles ya ni para ganar tiempo, ni al pueblo para adormecerse.
Al “sufrido”, es decir, al pueblo, los finales sibilantes de D. Mariano les resultan ventosidades, y los redobles de cabeceo de D. Alfredo, como para tomar la Bastilla, provocan arcadas y risotadas en el palco, por favor repartan bolsas (no cabe incertidumbre; son “el hombre desdoblado” de Saramago). Si se pudiera decir que provienen de alguna sabiduría, del Brahmanismo o del Vedanta, por ejemplo, pero vienen del partido (la “matria”) como otros provienen de los escolapios, donde tiene lugar el éxtasis de la sociedad cerrada y un aire denso les aclimata el ambiente en las clases de podredumbre. Son clases intercambiables y homologables, sombrías y oscuras con créditos validables para todas las catapultas.

Ya no es tiempo de decir que no todos los políticos son iguales, eso hay que probarlo. El delincuente está arropado por el encubridor, el sátrapa está apoyado en el pusilánime, el mediocre descansa sobre el cobarde, el tonto se elige en el Congreso como mal menor, el estúpido llega a la cima porque todos temen su estupidez, el ladrón compra voluntades con el dinero de sus robos, los bobos se adoctrinan para que crean que esto es así. Lo que antes fuera la “razón de estado” hoy es la “razón de partido” y cada caso es un Dreyfus condenado a sabiendas de su inocencia. La alta política y la “realpolitik” es “la conjura de los necios” acallando la estridencia y sazonando el hedor con auditorías peregrinas y comparecencias de primaria. En las aulas de los partidos solo se aprende eso.
El buen político, hombre de conciencia intelectual con aspiraciones a mejorar la sociedad de todos, comprometido humanamente con una idea de justicia, de igualdad, de libertad y de sociedad, valiente para desentrañar los defectos de la convivencia y con capacidad para proponer la transformación de la vida en común, con talla humana y/o nivel intelectual, independiente para denunciar, señalar y castigar rápidamente las corruptelas de sus propios,  nos ha sido arrebatado por esta panda de putas de carretera. No todos son iguales, claro está, pero aquellos que se corresponden con el ideal de nobleza de la política no quieren entrar en el prostíbulo y la indolencia de unos ciudadanos aletargados no ha comenzado todavía a barrer el local. Vaya plan.

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